miércoles, 11 de mayo de 2011

El ¿inequívoco? lenguaje corporal

He visto el documental (http://www.youtube.com/watch?v=hrn8AHjnK0I&feature=player_embedded) sobre el lenguaje corporal.

Antes que nada: me cae bien, pero no me cuadran los porcentajes. No alcanzo a distinguir en Boris Izaguirre el 7% que en el ámbito de investigación de la comunicación se atribuye a las palabras y el 93% que es propio del gesto como recurso. En Boris, pero en muchos que se me ocurren, conozca o no, veo delimitado un porcentaje más equilibrado, pero no ha de ser así, por lo visto y oído en el reportaje del que hablamos.

Puede que me turbe menos la verborrea de Boris, por ponerle cara al mensaje que deseo trasladar, que la cara de Bush cuando, en una visita a un colegio, recibe la información de que las Torres Gemelas han sido atacadas. Resulta prometedor perseguir sin pestañear la cara de ese Bush en el vídeo... tan alarmante como cualquiera de las desgraciadas olas que han barrido la costa japonesa y que tantas veces hemos visto estos días.

Pienso en el gesto cansado del Rubalcaba que regresa tras pasar por el hospital en su primera comparecencia en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, pero también en el mismo gesto menos desgastado de pocos días después cuando desequilibra con tino a su faisán popular, ya en la sesión de control en el Congreso. Parece ser ya el de Gil Lázaro el gesto recién salido del hospital.

Me aterrorizo al escuchar en el documental decir al policía: "Los ojos no mienten". No sé. No sé. Si no tuviera pistola y derecho de uso, me daría tanto igual que el policía acredite sin ambages lo que dice, pero me imagino un día con mirada torva, por tanto trankimazin 0,5, y siendo escrupulosamente analizado por ese policía: la de medicamentos que me puedo ahorrar si tiene el día del gesto fino.

Más horror me produce saber que yo, que tanto gusta del abrazo, del gesto activo, de la palma extendida, de la caricia respetuosa... que todo eso transmite poder, mi poder sobre el otro. Qué horror saberme tan poderoso. Qué habrán pensando de mí tantos y tantas.

Peor horror saber que mi vecino (pero puede que yo mismo sin querer, o saber, aceptarlo) tenga más en cuenta la imagen de su político que su mensaje.

¿Más horror aún? Sí, aún hay más. Oigo en el reportaje que una sonrisa denota competencia, esto es, eficiencia, 'savoir faire', excelencia... no conocen al camarero que me sirve a diario el café con leche de la mañana. La culpa es mía, en todo caso. Pero me cuesta tener un mal gesto con cualquiera.

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