Yo sí creo en la
polivalencia.
Porque no puede ser que un redactor de televisión deba
pellizcar en el muslo al operador de cámara que le acompaña en cada ocasión en
que desea que grabe algo en particular, pues el operador de cámara debe ser lo
suficientemente avispado como para saber cuándo rodar y cuando es basurilla lo
que se asoma al objetivo; de ese modo nos ahorraremos todos el humillante
pellizco.
Porque no puede ser que un editor de subtítulos en un
programa informativo cometa faltas de hortografia en antena.
Porque no puede ser que hasta hace cuatro días a un redactor
de radio hubiera de acompañarle un operador técnico para colocar el micrófono y
su pie en una mesa, y responsabilizarse de apretar el ‘play’ de la Marantz o,
en su caso, los ‘pause’ o ‘stop’.
Porque, si no, ¿para qué debo estudiar una asignatura que se
llama periodismo radiofónico, otra televisivo, aprender que es una ENG o si las
cámaras en un plató van de izquierda a derecha o al revés, o publicidad,
documentación o, incluso, redacción periodística?
Porque soy un cínico, como ellos.
Yo no creo en la
polivalencia.
Porque no tuvo sentido pedir a los redactores de una agencia
pública que cargaran una cámara de vídeo y que escribieran mientras tanto.
Porque no tiene sentido dotar a los redactores de teléfonos
móviles con cámaras de 2,5 megapíxeles y pedirles que haga fotos con ellos para
luego publicarlas en sus medios como si fueran Robert Cappa.
Porque al redactor le exigen que haga fuentes concretas
sobre un tema equis y luego le envían a cubrir el abecedario durante meses
porque no hay personal.
Porque no es lo suyo que un redactor de una televisión deba
grabar, redactar y editar en su mesa el trabajo encargado, y esperar su
director que el resultado no se parezca a cualquier vídeo de esos que se cuelgan
en Youtube.
Porque soy un cínico, como ellos... aunque no tan cretino.

