miércoles, 7 de marzo de 2012

De profesión, radiofonista


Si el debate sobre qué es un periodista está aún en el aire, qué no lo está en su relación con el ámbito de la radio. Leo que el diario “El País” pregunta a los licenciados (en cualquier cosa) si desean ser periodistas, y les ofrece como solución un año de su máster. Así que un licenciado en Pediatría o en Biología puede ser en un año un próspero periodista. Para qué cinco años -o cuatro ahora de Grado- de estudio de Periodismo si en un año un máster te convierte en periodista.

No ocurre así a la inversa. Un periodista no se convertirá en un biólogo gracias a un máster de un año. Afortunadamente, para los bichos, se entiende.

Pero, a lo que voy. ¿Un periodista licenciado o graduado puede, debe, es o será necesariamente un buen “radiofonista”? Creo (estoy absolutamente seguro) que no. Pero lo creo como creo que un abogado puede ejercer profesionalmente a las mil maravillas defendiendo los intereses de una empresa desde el departamento de despidos, pero ser un pésimo penalista, que es lo que, en principio, se esperaba de él.


Hace 50 años, al radiofonista, al locutor, se le pedía que conociera los temas de los que hablaba, una correcta construcción gramatical y un “disciplinado adiestramiento aplicado a una habilidad natural”.

Arranco por lo último, la “habilidad natural”, porque se trata de eso; como en televisión, como en el cine o la fotografía: “Es que la cámara le gusta” (es gustado/a por la cámara). Eso es una “habilidad natural” que me distingue, como al penalista del “despedidor”. 

Si mi voz es solo boceto, si no logro pronunciar sin aspavientos tres erres continuadas (¡Estás escuchando Radio Romerales de la Riba!), si mi acento no lo entiende ni Artur Mas o si hablo tan deprisa que leyendo una noticia pareciera que la estoy creando sobre la marcha yo mismo, entonces, entonces, habría de pensar en trabajar en la televisión, que en estos tiempos ya te contratan como si hubieras hecho una oposición, sin mayores exigencias.

Coñas aparte, podemos aparcar el debate sobre la formación universitaria en periodismo: a fin de cuentas se trata de que sepamos algo de algo. Pero creo más que razonable que tal cosa no sea imprescindible para el ejercicio del periodismo de radio en tanto que este precisa de esa “habilidad natural” que no a todos nos es dada, mientras que nuestra formación es cosa posible de arreglar. 

Una “habilidad natural” que es innata, personal e intransferible, como que te quiera la cámara, como que se te lleven los demonios cada vez que aprecias una falta de ortografía en un anuncio publicitario o en un subtítulo en un telediario.

En segundo lugar, al hilo de, la construcción gramatical: vigencia plena, debiera. Las mañanas de los viernes nos divertimos en la Ser oyendo los trabalenguas radiofónicos, desde la del redactor de Radio Huelva hasta la del propio Francino: nadie escapa. Sigamos trabajando en ello.

Tercer y último aspecto reseñado en 1965: Saber de qué se habla, eso que nuestras mamás nos reprochaban siendo niños, más tarde nuestras novias/os, y aún después nuestros hijas/os: “No sabes de lo que hablas”. Todavía no he encontrado en una facultad donde se estudie Periodismo una asignatura llamada “Aprendizaje para saber de lo que se habla”, a mi modo de ver, de nueve créditos y válida también para estudiantes de Políticas o de Derecho.

Por ir acabando. Me quedo con lo que subraya el radiofonista (y orgullosamente no licenciado ni graduado) Iván Tenorio, autor de “La nueva radio”: “Las reglas están para romperlas”, pero recuerda: “Con el fin de no repetir errores del pasado, el buen comunicador en radio debería conocer las reglas ya establecidas, fruto de la experiencia acumulada”. De no ser así, nunca dejaré de llorar por la desaparición del Revox.

1 comentario:

  1. Las reglas están para romperlas, pero aquí vamos todos como borregos por el camino que otros nos marcan. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices y ejemplos de inútiles delante del micrófono los tenemos a diario en todas las emisoras. Vuelvo a reiterarte la enhorabuena por este blog, que ya tiene nombre; por su contenido, por su diseño y por todo lo que nos cuenta un estupendo profesional. Dos 'peros' a tu blog: en una magnífica entrada (En busca del sentido de la vida) casi me dejo los ojos...y dos, deberías actualizarlo de forma más continuada, es decir, que no pasen tres semanas desde la anterior entrada.

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