Si el debate
sobre qué es un periodista está aún en el aire, qué no lo está en su relación
con el ámbito de la radio. Leo que el diario “El País” pregunta a los
licenciados (en cualquier cosa) si desean ser periodistas, y les ofrece como
solución un año de su máster. Así que un licenciado en Pediatría o en Biología
puede ser en un año un próspero periodista. Para qué cinco años -o cuatro ahora
de Grado- de estudio de Periodismo si en un año un máster te convierte en
periodista.
No ocurre
así a la inversa. Un periodista no se convertirá en un biólogo gracias a un
máster de un año. Afortunadamente, para los bichos, se entiende.
Pero, a lo
que voy. ¿Un periodista licenciado o graduado puede, debe, es o será necesariamente
un buen “radiofonista”? Creo (estoy absolutamente seguro) que no. Pero lo creo
como creo que un abogado puede ejercer profesionalmente a las mil maravillas
defendiendo los intereses de una empresa desde el departamento de despidos,
pero ser un pésimo penalista, que es lo que, en principio, se esperaba de él.
Hace 50
años, al radiofonista, al locutor, se le pedía que conociera los temas de los
que hablaba, una correcta construcción gramatical y un “disciplinado
adiestramiento aplicado a una habilidad natural”.
Arranco por
lo último, la “habilidad natural”, porque se trata de eso; como en televisión,
como en el cine o la fotografía: “Es que la cámara le gusta” (es gustado/a por
la cámara). Eso es una “habilidad natural” que me distingue, como al penalista
del “despedidor”.
Si mi voz es solo boceto, si no logro pronunciar sin
aspavientos tres erres continuadas (¡Estás escuchando Radio Romerales de la
Riba!), si mi acento no lo entiende ni Artur Mas o si hablo tan deprisa que
leyendo una noticia pareciera que la estoy creando sobre la marcha yo mismo,
entonces, entonces, habría de pensar en trabajar en la televisión, que en estos
tiempos ya te contratan como si hubieras hecho una oposición, sin mayores
exigencias.
Coñas
aparte, podemos aparcar el debate sobre la formación universitaria en
periodismo: a fin de cuentas se trata de que sepamos algo de algo. Pero creo
más que razonable que tal cosa no sea imprescindible para el ejercicio del
periodismo de radio en tanto que este precisa de esa “habilidad natural” que no
a todos nos es dada, mientras que nuestra formación es cosa posible de
arreglar.
Una “habilidad natural” que es innata, personal e intransferible,
como que te quiera la cámara, como que se te lleven los demonios cada vez que
aprecias una falta de ortografía en un anuncio publicitario o en un subtítulo
en un telediario.
En segundo
lugar, al hilo de, la construcción gramatical: vigencia plena, debiera. Las
mañanas de los viernes nos divertimos en la Ser oyendo los trabalenguas
radiofónicos, desde la del redactor de Radio Huelva hasta la del propio
Francino: nadie escapa. Sigamos trabajando en ello.
Tercer y
último aspecto reseñado en 1965: Saber de qué se habla, eso que nuestras mamás
nos reprochaban siendo niños, más tarde nuestras novias/os, y aún después
nuestros hijas/os: “No sabes de lo que hablas”. Todavía no he encontrado en una
facultad donde se estudie Periodismo una asignatura llamada “Aprendizaje para
saber de lo que se habla”, a mi modo de ver, de nueve créditos y válida también
para estudiantes de Políticas o de Derecho.
Por ir
acabando. Me quedo con lo que subraya el radiofonista (y orgullosamente no
licenciado ni graduado) Iván Tenorio, autor de “La nueva radio”: “Las reglas
están para romperlas”, pero recuerda: “Con el fin de no repetir errores del
pasado, el buen comunicador en radio debería conocer las reglas ya
establecidas, fruto de la experiencia acumulada”. De no ser así, nunca dejaré
de llorar por la desaparición del Revox.

Las reglas están para romperlas, pero aquí vamos todos como borregos por el camino que otros nos marcan. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices y ejemplos de inútiles delante del micrófono los tenemos a diario en todas las emisoras. Vuelvo a reiterarte la enhorabuena por este blog, que ya tiene nombre; por su contenido, por su diseño y por todo lo que nos cuenta un estupendo profesional. Dos 'peros' a tu blog: en una magnífica entrada (En busca del sentido de la vida) casi me dejo los ojos...y dos, deberías actualizarlo de forma más continuada, es decir, que no pasen tres semanas desde la anterior entrada.
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