Zúñiga (Zúñiga, 2009) ubica al realizador en
el centro de todo. Dice de él que en una producción audiovisual, como es, por
ejemplo, el informativo que nos ocupa, el realizador es “figura clave”,
“en otras palabras”, añade, “el director y responsable último del
programa”.
Piedrahita (Piedrahita, 2004)
acota los roles y advierte de lo pernicioso que es que el editor y/o
presentador sea a la vez el director de la cosa. Él alude a la dirección
global de los informativos, pero nos sirve de rondilla para el caso. Advierte
pues de que “no se puede dirigir con eficacia todo lo referente a la
información que se divulga en los telediarios (…) y a la vez estar ocupado
intensamente del telediario principal” como editor/presentador.
Excepción a esta regla pudiera
ser Hermann Tertsch, que era director del telediario que presentaba en
Telemadrid, y a quien tal circunstancia no le aflojaba el pulso cuando
editorializaba.
No es fácil fijar las
diferencias, pero ni siquiera las facultades lo ponen fácil, al ofrecer en sus
enseñanzas el paquete de productor/realizador/director (véase la
Complutense, por ejemplo, y otras).
Por ordenar, diríamos que el realizador
es responsable de coordinar al personal técnico, lo técnico en sí mismo,
elaborar escaletas, supervisar guiones, proponer atrezzo, ordenar el plató… El productor
habría posibilitado los medios para que el realizador operase lo suyo.
También se ocupa de proponer, diseñar y/o ordenar contenidos informativos, en
estrecha colaboración con los redactores que los aportan. El director ya
ha sido descrito, o aún está por definir por los teóricos, quién sabe.
Ya en serio, el productor es
conocido coloquial y familiarmente como el ‘machaca’ de la casa. En cine, el
papel es más diáfano: es quien pone la pasta. Pero en informativos, el que
eufemísticamente describe Poveda como quien “trabaja en la sombra”, es el
anónimo personaje que se encarga de buscar, cotejar, hallar, preguntar,
analizar, suspender o aprobar, desestimar o aceptar, y también asumir toda la
responsabilidad del desastre, si éste tuviera lugar, en tanto que lo contrario
será, como normal general, atribuido al director, al realizador o,
en su defecto (aunque no es objeto de análisis) al editor/a-presentador/a de
turno: por qué no, incluso, al presidente de la cadena.
Para aliviar esta carga, el productor
suele convencer a Recursos Humanos para que complete la Sala de Control con
lo que viene a llamarse ayudante de realización, sobre quien, a modo de
terapia, el realizador descarga lo que puede.
En este ámbito, el informativo,
aunque la teoría describe para cada uno una responsabilidad, incluso un
escenario, los roles de realizador y director se solapan ya en
origen. En tanto que uno es, dice Poveda, la “cabeza visible de toda la obra
audiovisual”, podríamos decir que el director también lo es; al menos se
reivindica como tal, qué menos. Como también el director puede ser el
conductor del programa, con lo que el realizador pasaría a formar parte
del elenco ‘antesdicho’ de los machacas, operarios de segunda, para
entendernos.
Esto, en el ámbito local apenas
supone problema alguno. El papel de director, realizador y productor,
y, a veces, de conductor incluso, puede llegar a ejercerlo un solo individuo
con lo que probablemente el producto salga en mejores condiciones.
Consulté:
Piedrahita, M. (Octubre de 2004). Novedades y obviedades en
las noticias de televisión. (A. d. Madrid, Ed.) Cuadernos de periodistas.
Zúñiga, J.
(2009). Cultura audiovisual. Andoain (Guipúzcoa): Producciones Escivi
S.A.
Poveda, Miguel Ángel (experto de cabecera en Comunicación Audiovisual)

No hay comentarios:
Publicar un comentario