(Fuente: Cines.com)
Izumi sobre el cielo rosa. ¿Quién no ha deseado alguna vez
contemplar lo que nos rodea del color que más nos gusta? Un joven enfermo sueña
con un cielo rosa, que cree posible. Izumi sueña con crecer, y para ello grita
en la calle como los bebés para ensanchar sus pulmones. Izumi no tiene necesidad
de cambiar de nombre cada tres días porque se siente bien consigo misma; o eso
aparenta; o eso desea. En todo caso, así se ve que es lo que cuenta.
“Dinero y
mujeres”, dice un hombre medio que es para él el éxito. Otro tanto sentencia: “Se
gana mucho con la hipocresía”. Y muy poco con las buenas noticias. Ya alguien lo
intentó alguna vez, pero eso no da dinero. Ni siquiera, últimamente, las malas.
Pocos votantes de la derecha entienden por qué PJ le hinca el diente en su
periódico diario con tanta saña a MR, pero deberían saber que es por dinero. El
dinero lleva a Izumi de un lugar a otro de la calle. “Borra esa foto”, le
increpa una anciana a la que acaba de fotografiar sin su permiso: “Sé que se
pueden borrar”, le espeta.
(Fuente: Fotogramas.es)
Esta incipiente periodista adolescente lee la
prensa, como recuerdo que hacía yo a su edad, entre la perplejidad del propio
kiosquero que, pese a ganar su dinero diario a mi costa, jamás llegó a
comprender por qué a alguien que solo piensa en masturbarse le puede interesar
leer las noticias. Izumi se recuesta en su cama al llegar a casa. Nunca vemos a
los padres de nadie, oímos la voz de una madre de uno de ellos, pero no les
vemos.
Izumi retoza encima de su colcha, como esperando respuestas a sus
cientos de miles de preguntas a esa edad. “Quiero ser la redactora jefe” del
periódico, exclama Izumi, como creyendo que siendo la redactora jefe tendrá
capacidad de decisión sobre la línea del periódico, desconociendo por entero que
siempre habrá un idiota por encima de ella que nunca entenderá cómo es posible
que una pared llore, como así lo retrata Izumi, la menos hipócrita de las malas
noticias que hoy leí.


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