‘Elysium’, los Campos Elíseos, “el lugar sagrado donde las sombras de los hombres virtuosos y los
guerreros heroicos llevaban una existencia dichosa y feliz, en medio de
paisajes verdes y floridos. Era la antítesis del Tártaro y a menudo se ha
asociado con el Cielo cristiano”, se apunta en la Wiki. Y a mí que la de
Matt Damon no me parece nada dichosa ni feliz, ni aún menos cine virtuoso, ni
espectáculo florido siquiera: por supuesto nada sagrado desde el punto de vista
filosófico, lo que siempre se espera de una de ciencia-ficción; tanto es así que,
por comparación, resulta más estimulante en este ámbito el cuento infantil de
la saga Star Trek.
Acudí al cine convencido de que ‘Elysium’ no superaría nunca
a ‘2001’ ni a ‘Blade Runner’, pero tampoco imaginé que algo que empieza bien
trueque en cómic en un baile entre el ‘Kill Bill’ de la Turman, el clásico irrepetible
‘Robocop’ y cualquier previsible producto actual de la Marvel, más honestos por
menos pretenciosos.
Rejuvenece el filme al espectador en una especie de
estiramiento de piel: el adulto que empieza a ver la película, a quien inevitablemente
Lasquetty le viene a la memoria, termina siendo un adolescente desde la mitad y
hasta el final. Desde luego no se le puede restar mérito a quien genera un producto
para un doble público, pero no estoy seguro de que convenza a los primeros
tanto como a los segundos, cuya vista está más acostumbrada a ese ridículo
(pero de moda) vaivén de la cámara, el mismo que impide ver un mamporro de
verdad, como aquellos que propinaba John Wayne. Una moda, digo, que manejaría
bien Von Trier, pero no parece que tanto sus discípulos: supongo que eduqué mal
mis pupilas al ritmo del vals de Kubrick o a los sones de Vangelis en la de
Ridley Scott.
Por cierto, que qué brillantes fueron los creadores de ‘2001’, en los albores de los años 70' del pasado siglo, cuyo diseño de estación espacial es copiado en ‘Elysium’.
'2001'
(Fuente: cinema-geek.blogspot.com)
'Elysium'
(Fuente: Teinteresa.es)
Más reparadora, al menos para los sentidos, ha sido la de
Pitt: ‘Guerra Mundial Z’. Desasosegante, inquietante, desesperante, estresante…
todo lo que acabe en ‘ante’, como el cine de ‘antes’, aquel que te estimulaba
tanto en tantos sentidos que casi te olvidabas de que tampoco era para tanto.
‘Z’
es más que una película de zombis. Lo que transmite oscila entre aquella del
último hombre sobre la tierra (‘The Last Man on Earth’), con un prodigioso
Heston (creo que revisada acertadamente por Smith en ‘Soy leyenda’), y ‘El planeta
de los simios’ (qué tendrá Heston): es decir, inquietud, que es casi sinónimo
de curiosidad, que es casi sinónimo de interés, que es casi sinónimo de pensamiento,
que es casi lo más parecido a lo que uno espera después de ‘sobrepagar’ un 21% el
precio de la entrada.


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