“El pan desnudo”
Mohamed Chukri
Editorial Debate. 2000
Si su padre asesina a su hermano pequeño ante sus ojos y luego queda impune durante toda su vida, no le quedan más que dos opciones en la vida: huir o hacerse escritor. Esto bien lo podría haber dicho Groucho Marx. No es el caso, aunque sí es la vida del marroquí Mohamed Chukri, quien eligió las dos opciones, aunque por este orden: primero huyó y, más adelante, tras aprender a leer y escribir a los veinte años, se hizo escritor.
Su vida es el arranque de la obra que le hizo universalmente conocido, “El pan desnudo”, que el lector escruta a pocos kilómetros de la costa africana, como si no pudiera leerse un libro así, sino cerca de Marruecos, cuando no 'in situ'.
Chukri nos habla en “El pan desnudo” de Marruecos. Sí, ese país que está a pocos kilómetros de nuestras costas y que aún observamos con recelo, el mismo que el hermano mayor tiene hacia el retoño recién nacido.
De un Marruecos en el que Tánger era ciudad universal, en el que Franco tenía influencias y el Rif moría de hambre. En el que los niños tomaban café, fumaban kif, aprendían las artes del contrabando, soñaban con los sexos y vendían los suyos a europeos que esperaban al atardecer.
De un Marruecos en el que Tánger era ciudad universal, en el que Franco tenía influencias y el Rif moría de hambre. En el que los niños tomaban café, fumaban kif, aprendían las artes del contrabando, soñaban con los sexos y vendían los suyos a europeos que esperaban al atardecer.
- “No hagas nada malo”, le dice su tía.
- “Pero yo quiero lo malo si me proporciona placer”, le contesta.
- “No te comprendo”.
Alguien ha querido ver a Chukri como el escritor maldito de Marruecos. Al lector le parece un bendito. A su amigo y padrino Paul Bowles también le debió parecer.
“Mamá”, pregunta Chukri, “¿por qué no nos da Dios la misma suerte que da a los demás?”. “Sólo Dios lo sabe. Nosotros no sabemos nada y tampoco debemos preguntar”, espeta.
“Mamá”, pregunta Chukri, “¿por qué no nos da Dios la misma suerte que da a los demás?”. “Sólo Dios lo sabe. Nosotros no sabemos nada y tampoco debemos preguntar”, espeta.

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