sábado, 17 de agosto de 2013

El fallido 'Cielo cristiano'

Elysium’, los Campos Elíseos, “el lugar sagrado donde las sombras de los hombres virtuosos y los guerreros heroicos llevaban una existencia dichosa y feliz, en medio de paisajes verdes y floridos. Era la antítesis del Tártaro y a menudo se ha asociado con el Cielo cristiano”, se apunta en la Wiki. Y a mí que la de Matt Damon no me parece nada dichosa ni feliz, ni aún menos cine virtuoso, ni espectáculo florido siquiera: por supuesto nada sagrado desde el punto de vista filosófico, lo que siempre se espera de una de ciencia-ficción; tanto es así que, por comparación, resulta más estimulante en este ámbito el cuento infantil de la saga Star Trek

Acudí al cine convencido de que ‘Elysium’ no superaría nunca a ‘2001’ ni a ‘Blade Runner’, pero tampoco imaginé que algo que empieza bien trueque en cómic en un baile entre el ‘Kill Bill’ de la Turman, el clásico irrepetible ‘Robocop’ y cualquier previsible producto actual de la Marvel, más honestos por menos pretenciosos

Rejuvenece el filme al espectador en una especie de estiramiento de piel: el adulto que empieza a ver la película, a quien inevitablemente Lasquetty le viene a la memoria, termina siendo un adolescente desde la mitad y hasta el final. Desde luego no se le puede restar mérito a quien genera un producto para un doble público, pero no estoy seguro de que convenza a los primeros tanto como a los segundos, cuya vista está más acostumbrada a ese ridículo (pero de moda) vaivén de la cámara, el mismo que impide ver un mamporro de verdad, como aquellos que propinaba John Wayne. Una moda, digo, que manejaría bien Von Trier, pero no parece que tanto sus discípulos: supongo que eduqué mal mis pupilas al ritmo del vals de Kubrick o a los sones de Vangelis en la de Ridley Scott. 

Por cierto, que qué brillantes fueron los creadores de ‘2001’, en los albores de los años 70' del pasado siglo, cuyo diseño de estación espacial es copiado en ‘Elysium’.

 '2001' 
(Fuente: cinema-geek.blogspot.com)

'Elysium'
(Fuente: Teinteresa.es)

Más reparadora, al menos para los sentidos, ha sido la de Pitt: ‘Guerra Mundial Z’. Desasosegante, inquietante, desesperante, estresante… todo lo que acabe en ‘ante’, como el cine de ‘antes’, aquel que te estimulaba tanto en tantos sentidos que casi te olvidabas de que tampoco era para tanto

‘Z’ es más que una película de zombis. Lo que transmite oscila entre aquella del último hombre sobre la tierra (‘The Last Man on Earth’), con un prodigioso Heston (creo que revisada acertadamente por Smith en ‘Soy leyenda’), y ‘El planeta de los simios’ (qué tendrá Heston): es decir, inquietud, que es casi sinónimo de curiosidad, que es casi sinónimo de interés, que es casi sinónimo de pensamiento, que es casi lo más parecido a lo que uno espera después de ‘sobrepagar’ un 21% el precio de la entrada. 

domingo, 11 de agosto de 2013

La menos hipócrita de las malas noticias que hoy leí



(Fuente: Cines.com)

Izumi sobre el cielo rosa. ¿Quién no ha deseado alguna vez contemplar lo que nos rodea del color que más nos gusta? Un joven enfermo sueña con un cielo rosa, que cree posible. Izumi sueña con crecer, y para ello grita en la calle como los bebés para ensanchar sus pulmones. Izumi no tiene necesidad de cambiar de nombre cada tres días porque se siente bien consigo misma; o eso aparenta; o eso desea. En todo caso, así se ve que es lo que cuenta. 

“Dinero y mujeres”, dice un hombre medio que es para él el éxito. Otro tanto sentencia: “Se gana mucho con la hipocresía”. Y muy poco con las buenas noticias. Ya alguien lo intentó alguna vez, pero eso no da dinero. Ni siquiera, últimamente, las malas. Pocos votantes de la derecha entienden por qué PJ le hinca el diente en su periódico diario con tanta saña a MR, pero deberían saber que es por dinero. El dinero lleva a Izumi de un lugar a otro de la calle. “Borra esa foto”, le increpa una anciana a la que acaba de fotografiar sin su permiso: “Sé que se pueden borrar”, le espeta. 

(Fuente: Fotogramas.es)

Esta incipiente periodista adolescente lee la prensa, como recuerdo que hacía yo a su edad, entre la perplejidad del propio kiosquero que, pese a ganar su dinero diario a mi costa, jamás llegó a comprender por qué a alguien que solo piensa en masturbarse le puede interesar leer las noticias. Izumi se recuesta en su cama al llegar a casa. Nunca vemos a los padres de nadie, oímos la voz de una madre de uno de ellos, pero no les vemos. 

Izumi retoza encima de su colcha, como esperando respuestas a sus cientos de miles de preguntas a esa edad. “Quiero ser la redactora jefe” del periódico, exclama Izumi, como creyendo que siendo la redactora jefe tendrá capacidad de decisión sobre la línea del periódico, desconociendo por entero que siempre habrá un idiota por encima de ella que nunca entenderá cómo es posible que una pared llore, como así lo retrata Izumi, la menos hipócrita de las malas noticias que hoy leí.