Memorias. Francisco Umbral. Editorial Planeta. 2005
Umbral vivió unos años en el barrio de Argüelles, lugar de Madrid donde enunció una de sus premisas vitales: “La vida se resume en salir a por el periódico, bajarse paseando todo Argüelles y el Parque del Oeste”. Hoy, el lector husmea por Marqués de Urquijo, Princesa, Álvarez de Mendizábal, Evaristo San Miguel, Pintor Rosales o Martín de los Heros persiguiendo huellas de un Umbral ya fallecido, pero vivo en sus escritos, como parece que cabe decir de todos los escritores que murieron. Pero, la verdad, al menos leyendo este “Días felices en Argüelles”, el lector percibe la sensación de que Paco está junto a él contándole todas esas cosas, hablándole de sus escritores amigos y no tanto, de sus amantes y sus gatos, de las becarias que perfilaban sus tesis sobre su frente abierta.
En este libro Delibes, su mentor, se enteró –pues seguro que lo leyó- de que Cela pensaba que la caza menor era poco menos que ridícula. “Comprendo la caza mayor (…) pero el espectáculo –dice Cela en boca de Umbral- de un tío grandullón persiguiendo una pobre perdiz me parece lamentable”. Cela fue amigo de Umbral. Aquel Cela que un día la emprendió a puñetazos en Palma de Mallorca contra un taxista por una, seguro, absurda discusión, mientras otro taxista, al otro lado de la calle, le animaba: Dele, dele, don Camilo.
Camilo y Paco, Cela y Umbral. Dos hombres de letras tomar, que caían mal a algunos, o a todos. Tiene el lector la impresión de que no les importaba nada eso a ninguno de ellos, o si les importaba jamás lo confesarían en público. Como si, además de ser buen escritor, el mal carácter, las malas formas debieran formar parte del currículum. Aunque a Cela ello no le supuso pega alguna para viajar a Estocolmo. Umbral quedó esperando sentarse encima del alfabeto. Hubiera deseado, digo yo, que la “m”, de mierda para enviar a los remisos, o la “c”, de ¡Coño, qué tarde me lo fiáis!
Umbral rescata de su memoria lo que recuerda para escribir este libro. Él mismo confiesa que la obra es como un ejercicio que se salta ciertas reglas. Da la impresión, pero seguro que es ejercicio deliberado, que escribe conforme recuerda y, en un momento dado, coloca aquí un título, allá una anécdota que se quedó atrás, y fin de la historia: si les gustó bien y de no ser así, ¿lo pagaron ya, no?
“Hombre, a mi edad y en esta época, yo creo que sólo se puede ser socialista”, le espeta un joven Umbral al falangista Luis Ponce de León, que le replica: “Socialista, nacional socialista, que es lo que soy yo. O sea, estamos en lo mismo, somos iguales”, y le ofreció trabajo en “La estafeta literaria”. Paco se codea con Hierro, el poeta, y con Fernando Fernán Gómez, con quien compartió noches en la Plaza de la Paja. “¿Por qué a Fernando Rey le llaman del extranjero y a ti no?, le inquiere Umbral a Fernán Gómez, y éste, ni corto ni perezoso, afirma: “Porque Fernando sabe inglés y yo no. Y te diré más: Fernando sabe inglés porque es espía. Yo no creo que nadie estudie inglés si no es para ser espía”. Así es Fernando, a quien se le pone dura “siempre. Tarde y noche”, cuando abraza en escena a la actriz Lola Cardona, “me pasa siempre”, asegura con soltura.
Buena parte de “Días felices en Argüelles” lo dedica Umbral a hablar del periodismo, de los periodistas, de él mismo como tal, de los periódicos. El diario “El Mundo” acogió sus artículos en los últimos años. Pero fue el rotativo “El País” en el que trenzó su visión de la Transición , de aquellos tiempos convulsos. Juan Luis Cebrián, entonces director de “El País”, le dijo a Umbral que el periódico necesitaba un columnista “y a mí el único que me gusta eres tú. Pero te vamos a pagar poco dinero. Piénsatelo”. “Yo no tenía nada que pensar porque veía claro el porvenir del nuevo periódico, que iba a ir al paso de la España inaugural”, dice Umbral, quien, tras abandonarlo años más tarde por “voluntad propia”, confiesa, como lamentándolo: “Creo que me fui amistosamente, pero parece que no”.
Antes de eso, Umbral, “desde mi alma republicana”, se queja de que ningún periódico de Madrid le llama para escribir. A su juicio, “se veía demasiado al rojo que yo era entonces”. Tras su salida de “El País”, Umbral pide empleo a Pedro J. Ramírez, director de “Diario 16” . “Tú no eres un fichaje de Pedrojota, tú eres un fichaje mío”, asegura Umbral que le dijo Aghata Ruiz de la Prada. Cuando Ramírez fue despedido, Umbral lo percibió en su cara. “O te han despedido del periódico o Agatha te engaña con un modisto maricón”.
En este ensayo memorístico percibimos a un Umbral más personal, próximo, incapaz de exigirle al lector que siga leyendo y deje de decir tonterías sobre cómo le encuentra o le deja de encontrar. Tiene el lector la sensación de que le va a echar de menos. Y de que, probablemente, no llegue a conocer quién es Umbral (y a usted qué le importa); parece el lector que le oye.
- “En ‘ABC’ casi todo estaba bien escrito”. “Mantenía una silenciosa contienda con el franquismo”. “Hubo unos años en que el ‘ABC’ era el periódico de la izquierda”. “El monarquismo (…) era su coartada”.
- “El ‘Ya’ lo compraban las beatas para ver al Papa y las turistas extranjeras que buscaban apartamento”, pues “tenía una poderosa sección de anuncios por palabras”. En el “YA” me metió Manuel Calvo Hernando, un civil clericalote (…) siempre con esa alegría que profesan los católicos ejercitantes”. “Fui despedido por escribir ‘El Giocondo’”, una novela de homosexuales.
- “En ‘Arriba’ había poco trabajo, así que cerraban pronto”. “Cuando sonaba el teléfono más tarde de las ocho y algún joven redactor iba a cogerlo, toda la redacción le gritaba al novato ‘No lo cojas, que es una noticia’”.
- “Con ‘El Alcázar’ sospecho que nos hubiéramos entendido mal”.
- “Lo que molestaba (al Gobierno de Felipe González) de ‘El Independiente’ era el izquierdismo auténtico, firme, sereno, intelectual y en progresión”.
- “Anson hace (con ‘La Razón ’), como todo el mundo, el periódico bullicioso y agresivo que se hace ahora”. “Anson es el periodista adecuado para este tipo de prensa alborotada, donde no importan tanto las razones del enemigo como tener un enemigo”.
- “El modelo de periódico más vendido es ’El País’, un diario solemne, cargado de razones, cuando no de razón, serio y grande, pero en Madrid nadie imita el modelo”.
Umbral afirma que “tenemos un socialismo que no lo es. Esto lo digo yo todos los días en ‘El Mundo’ y hay quien dice que me estoy haciendo de derechas. Lo que pasa es que este socialismo no me gusta, no es el que yo aprendí y no cuenta ni siquiera con el apoyo de una prensa adicta”. Dixit.
De sus mujeres ha hablado ya Umbral en otras ocasiones y, a veces, se tiene la impresión de que esta o aquella otra historia ya la hemos compartido con él. Y de sus afectos por posar ante sus amantes: “Una cosa que le divertía mucho (a Washi) era hacerme fotos en la ducha y ampliar luego los genitales”; “Nuesta primera escapada fue hasta Santillana, donde ella (Gallan) me hizo unas fotos, vimos un hermoso templo y robamos un santo antes de irnos”.
Umbral falleció hace ya entre “columnas”. “A mí la clasificación de novela y novelista no acaba de satisfacerme. Me salgo por los bordes. Uno necesita, de vez en cuando, reflexionar sobre las cosas más que narrarlas, o sea hacer ensayo literario. No quisiera que me encerrasen en el concepto absoluto de novelista, y no porque crea que soy más, sino quizá menos”.
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