Marco Antonio juega a la inducción y la deducción (en el
ámbito del logos) en el corto espacio de 35 segundos de su alocución. Así, en
tanto que afirma que: "... puesto que Bruto es un hombre honrado, como
honrados son todos los demás...", lo que hace advertir al oyente de la
honestidad sin tacha de Bruto, resuelve al poco con la siguiente aserción: "Bruto
dice que (César) era ambicioso, y Bruto es un hombre honrado", luego dice
la verdad (ethos), luego el asesinato de César tiene una justificación posible.
La conclusión argumental que persigue Marco Antonio es
diferente. En la muerte del César ve la oportunidad de liderar la República,
pero para ello precisa del apoyo de la ciudadanía. Piensa, haciendo un
ejercicio de elocutio plano, que puede lograrlo salvando la imagen del hombre
al que piensa sustituir, al tiempo que sembrando el escenario adecuado para
borrar la presencia de quienes pueden competir e impedir su propósito: los
asesinos de César, con Bruto a la cabeza.
Poco más adelante, Marco Antonio ejemplifica, dando la
espalda al auditorio y levantando levemente el gesto (un gesto calculado de
espera de eventuales reacciones a sus palabras), lo que Aristóteles espera del
buen retórico, el ejercicio del pathos, pero el espectador, que conoce la
historia (a diferencia del romano crédulo que aparece en escena), sabe de
antemano que Marco Antonio no está siendo sincero (no ethos), dando la razón,
de algún modo al escéptico Platón cuando (antes de embarcarse en la misma aventura)
calificaba el arte de la retórica poco menos que de patraña (lisonja, simple
truco).
Encauzado el hilo argumental predispuesto por Marco Antonio
ante su auditorio, más emotivo que racional, éste progresa con éxito hacia
"casi rozando el estilo vigoroso", por el ingenio demostrado en la
elección del momento y su puesta en escena, cuando hace asomar el supuesto
testamento de César. La turba es ya, en ese instante, casi como el propio
pergamino que esconde resuelto Marco Antonio: enrollada en torno a la figura
del que asoma, sin duda ya, nuevo líder de los romanos. La peroración está
próxima.
Observamos los ojos de Brando/Heston cada vez más tersos, "los
más decisivos" de los modos de gesticulación, nos recuerda Cicerón en su
De Oratore.
In crescendo (casi, se diría, que más que el discurso, el
predicandi -en su sentido de narrar con convicción-), Marco Antonio baja la
escalinata dispuesto a relatar las circunstancias del suceso, lo que hace con
tanto detalle que al espectador (que no al romano, es evidente) le surge la
inesperada pregunta de: "¿Pero qué hacía Marco Antonio mientras asestaban
una tras otras dagas en el cuerpo del malogrado Julio? ¿Intentó
evitarlo?".
Avanzado el tiempo, Marco Antonio descubre, al tiempo que la
túnica que cubre el cadáver de César, sus verdaderas consideraciones personales
sobre los asesinos de éste, aquellos a los que llamó honrados son ahora
¡traidores!
"Yo no soy orador como Bruto, yo soy un hombre sencillo
que amaba a su amigo", afirma Marco Antonio: Platón tenía razón.
"Nada tiene de extraño que Aristóteles escribiera
primero la Ética y después la Política", dice Javier Sádaba*. Pero Marco
Antonio se nos muestra claro ejemplo de lector que erró en el orden, que, en
este caso, sí es motivo de alteración del producto. Todo medido. Todo
estudiado. Marco Antonio, leído impecable por un Brando que, aseguran los
cinéfilos, "no se aprendía sus diálogos". Este ejercicio de
hipocresía lo cuadró. Como, seguro, se revolvió en su tumba Aristóteles mismo,
que cifraba en tres las causas que hacen persuasivos a los oradores: la
sensatez, la virtud y la benevolencia**.
"Puede un escritor ser diserto, es decir, puede hacer
un discurso fácil, puro, claro y elegante, y aún espléndido, y con todo no ser
eloqüente, por faltarle el calor y la energía (sic)"***, afirma Antonio de
Capmany. A Marco Antonio le sobra de lo último. Ese es su éxito, refinado por
obra y gracia de San Agustín, y a partir de él.
** Retórica. Aristóteles. Editorial Gredos. Madrid. 2000.
*** Filosofía de la eloquencia. Impreso por H.Bruer.
Londres. 1812. (Del texto original se han respetado las que hoy sería faltas de
ortografía).

