viernes, 3 de junio de 2011
El día en que dios se expandió tanto que desapareció
Hoy me acordé de "Historia del tiempo. Del Big Bang a los agujeros negros", de Stephen W. Hawking (Editorial Austral. 2007).
Es difícil olvidar el momento en el que el lector se entera de que buena parte de las estrellas que pueblan el firmamento ya no son tales; esto es, que no son estrellas físicamente hablando, que no existen y que lo que nos llega es sólo su luz, la que desprendieron en su momento que aún sigue su curso hacia la Tierra, el referente que nos interesa.
Pues esto también nos lo recuerda “Historia del tiempo”, con la misma sensibilidad (o falta de ella) que emplea al afirmar que el universo, y nosotros con él, se está expandiendo, como cuando inflamos un globo; expandiendo lenta, pero irremisiblemente. Esto, y otras muchas cosas más, lo dicen los científicos y, puede que esto no, pero sí algunas cosas de las contenidas en éste y otros ensayos, las rechazan las iglesias, que, como mucho, se suman a algunas de las teorías con demora y precisiones. Como hizo la católica, que en 1951, largos años después de ser enunciada, hizo suya la teoría del Big Bang (la explosión primera) al proclamar que “estaba de acuerdo con la Biblia”. Así pues, dios habría sido, en todo caso, el responsable de la detonación; todo ello sin perjuicio de los seis días posteriores que se tomó para crear el mundo.
Ya el prestigioso científico y comunicador Carl Sagan, en el prólogo de esta obra, advierte que “Hawking intenta (…) comprender el pensamiento de dios.Y esto hace que sea totalmente inesperada la conclusión de su esfuerzo, al menos hasta ahora: un universo sin un borde espacial, sin principio ni final en el tiempo, y sin lugar para un creador”.
Hawking mira hacia Einstein repetidamente durante su obra; no en vano, el judío es quien, de algún modo, fija un antes y un después en relación con conceptos como el tiempo y el espacio, el universo y todo cuanto desde hace miles de años hace preguntarse al ser humano, que sólo encontró respuestas en la incertidumbre y, más recientemente, en unos centenares de textos escritos por otros seres humanos (¿los primeros científicos?). Las investigaciones de Einstein en los primeros años del siglo pasado, aun hoy superadas en algunos aspectos concretos, siguen siendo la base científica sobre las que se apoyan nuestras primeras respuestas sobre qué hay más allá de lo que alcanzamos a comprender.
Las estrellas. Lo más visible del cielo para el ser humano. “Está lleno de estrellas, lleno de estrellas…”, es lo último que oímos decir al protagonista de “2010”, la segunda parte del 2001de Arthur C. Clarke, poco antes de sumergirse en un supuesto agujero negro, al que precisamente nos conduce durante su texto Hawking. Estrellas que existen, o que no existen: “No sabemos”, dice Hawking, “qué esta sucediendo lejos de nosotros en el universo, en este instante: la luz que vemos de las galaxias distantes partió de ellas hace millones de años, y en el caso de los objetos más distantes observados, la luz partió hace unos ocho mil millones de años. Así, cuando miramos al universo, lo vemos tal como fue en el pasado”.
La teoría de la relatividad acaba con la idea de un tiempo absoluto, sentencia Einstein. El ejemplo lo pone Hawking: “Consideremos un par de gemelos. Supongamos que uno de ellos se va a vivir a la cima de una montaña, mientras que el otro permanecerá al nivel del mar. El primer gemelo envejecerá más rápidamente que el segundo. Así, si volvieran a encontrarse, uno sería más viejo que el otro. (…) la diferencia de edad será muy pequeña, pero sería mucho mayor si uno de los gemelos se fuera de viaje en una nave espacial a una velocidad cercana a la de la luz. Cuando volviera sería mucho más joven que el se quedó en la Tierra”.
Hawking y Roger Penrose sumaron sus esfuerzos para desarrollar en todas sus posibilidades la teoría de la relatividad. El resultado fue mostrar que el universo tenía un principio, y también un final. Con la ayuda de los telescopios sabemos también que el creador, si lo hubo, no hizo sólo nuestro entorno. Pues si fue capaz de crear nuestra galaxia, hubo de ser responsable así mismo de la formación de “varios vientos de miles de millones de galaxias”, cada una de las cuales contiene “cientos de miles de millones de estrellas”, donde el sol es sólo una de ellas, “una estrella amarilla ordinaria, de tamaño medio”. Partiendo de esta premisa probada, no hablamos de teoría, la pregunta es por qué tanto esfuerzo aparentemente inútil para unos cuantos miles de millones de seres humanos que habitan un pequeño planeta hace unos cuantos minutos de acuerdo con el reloj del universo.
A esto sumamos que las galaxias se están alejando entre sí, que el universo se expande, en un proceso imperceptible para nosotros, pero imparable. “La hipótesis presente sugiere que (…) el universo se expandirá probablemente por siempre, pero que de lo único de lo que podemos estar verdaderamente seguros es de que si el universo se fuera a colapsar, no lo haría como mínimo en otros diez mil millones de años”, dice Hawking. ¡Qué tranquilidad para los bancos, pues gozan de margen para cobrar los débitos hipotecarios! Con todo Hawking nos tranquiliza: “Esto no nos debería preocupar excesivamente: para entonces, a menos que hallamos colonizado más allá del sistema solar, ¡la Humanidad hará tiempo que habrá desaparecido, extinguida junto con nuestro sol!”.
En cuanto a los agujeros negros, que siguen alimentando nuestra imaginación (nadie ha visto aún uno, ni de cerca ni de lejos), lo cierto es que no parecen estar lejos de casa. Según Hawking, “hay algún indicio” de que existe un agujero negro, con una masa “de aproximadamente cien mil veces la del sol”, en el centro de nuestra galaxia. Cualquier estrella que caiga en su entorno quedará hecha “añicos”.
“Historia del tiempo”, de Stephen W. Hawking, un ensayo todavía vivo pese a que la mecánica cuántica y otros modelos de investigación científica puedan haber superado algunos de sus principios. Todavía estamos a la espera de los prometidos sorprendentes resultados del experimento en el “túnel del tiempo” (acelerador de partículas) construido bajo los Alpes, que se propone acercarse al big bang, al momento inicial. La idea, avalada por muchos países, entre ellos España, es conocer qué pasó en el principio. Descubrir, en palabras de Hawking, algo del “pensamiento de dios” y, con un poco de suerte, conocer “¿quién lo creó a él?”, si es posible, claro.
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